jueves, 4 de agosto de 2011

Columna de María Jimena Pereyra: Haz planes y Dios se reirá de ellos


A mitad de semana, tenía pensado escribir sobreAlexis Sánchez y su gran paso.  Me llama la atención como alguien en condiciones adversas, comprende desde la niñez, el sacrificio y dedicación que hay que tener para lograr los sueños y simplemente ser el mejor y a punta de garra ¡LO CONSIGUE!
El viernes, cambié de idea.  Fui al recital de Diego Torres y me remonté a mi adolescencia en Buenos Aires….pensé en escribir sobre esa etapa.
Este fin de semana tenía dos cumpleaños de personas importantes, uno el sábado por la noche y el otro el domingo a la hora de almuerzo. Me dirigía al primero con precaución por la gran lluvia que caía en Santiago cuando sonó mi teléfono. Al otro lado mamá se escuchaba desbastada. La abuela había fallecido súbitamente por un paro cardiaco.
Como pude, logré detenerme en la entrada de un edificio. No podía ser. Hace dos días hablé con la abuela para ver como andaba y planificamos que vendría a visitarme a fines de agosto. Cuando pasara el frío. Que grande se me volvió a hacer la cordillera y que lejos me sentí de casa.
Volví a casa a organizar mi viaje. Quería despedirme de ella. Mientras cotizaba vuelos hasta la madrugada, recordé mi último (y su último) año. Cómo acomodé mi agenda para poder estar presente en su cumpleaños número 80, cómo sonrió, cuando entró al gran salón donde la celebramos y mi hermana y yo cantamos a dúo “Cierro mis ojos” de Raphael y nuestra última Navidad.
Era la primera vez que volvía a casa a celebrar una Navidad desde que me radiqué en Chile. Esa noche dormí en su casa, en una habitación que me había preparado y el 25 estuvimos todo el día ahí. Toda la familia, tíos, primos, sobrinos, hermanos…amigos. Riendo, contando historias viejas y conocidas por todos, comiendo y disfrutando cada segundo.
Los que creyeron que yo era una “chica moderna” cuando me vieron con los pelos parados y toda tatuada, se equivocan. La “moderna” en la familia, era mi abuela. Se separó cuando las mujeres ni pensaban en dejar a sus maridos y volvió a casarse ya mayor, feliz. Pese a vivir en el campo, tenia una mentalidad muy abierta para hablar de todo y muchas veces daba cátedra a todos sus oyentes.
Es raro, tan raro cuando se vive lejos de los nuestros.  Uno imagina estas cosas, que en cualquier momento pueden pasar. Por eso jamás apago el teléfono por las noches y cada vez que llama algún NN a mitad de mi sueño, simplemente para “joder las pelotas”, siento que se me sale el corazón por la boca del susto.
Serán tan extraños mis futuros viajes a Argentina. Siempre lo primero que hacía al llegar, era llamarla o ir a su casa. Todas las reuniones giraban en torno a ella. A que hora llegaría, quién iría por ella, que traería de comida.
Hace dos años vino a verme. Fue su primera y única vez. Me acompaño a un show en Salamanca, no pegó ni un ojo, ni en las 6 horas de ida ni en las 6 de regreso.  Ella sabía disfrutar cada momento, no me cabe duda. Al final de cuentas, la vida es eso, un cúmulo de momentos que se transforman en tiempo. Creo que no hay que mirar mucho más allá. Es el aquí y el ahora. Punto.
Es domingo, son las 9 de la mañana y el aeropuerto está más lleno que nunca. Conseguí un vuelo para las 12 am. No tenía en mis planes esto, quizás, porque esto, son los planes de Dios.
Mujeractual.cl