A mis 16 años ya tenía dos discos editados en Argentina y por esas casualidades de la vida, conocí a un gran compositor: Luis González. El tenía la edad de mi papá y porque la vida es rara, nos hicimos grandes amigos. Para quienes conocen mi música, el es el autor de la canción “Esa Luz”. Pasábamos tardes enteras componiendo y yo alucinaba con cada historia que me contaba.
El formaba parte de una generación grandiosa de la música popular argentina. Sus amigos más cercanos eran Jairo, a quién le compuso todos sus éxitos, María Elena Walsh, la autora de “Como la Cigarra” y de todas las canciones infantiles de mi niñez, Leonardo Favio, Luis Aguilar y Facundo Cabral.
Una tarde de trabajo, ya a mis 23 años, me invita a comer a su casa para presentarme a un gran amigo chileno. Conocí a un hombre mayor, educado, con una caballerosidad extrema que desde el primer segundo me regaló una sonrisa. Era Antonio Prieto. El gran Antonio Prieto, ya en ese entonces instalado en la historia musical de Chile.
Me contó de su carrera, las cosas buenas y las feas que hay en el camino. Le conté de mis sueños, de mi pasión por cantar y fue la primera persona que dijo: “Por qué no vas a Chile a probar suerte, apuesto a que te iría estupendo”. Las circunstancias de la vida me hicieron venir a Chile un año después, ustedes ya conocen la historia.
Ya instalada en Santiago un día le propongo a mamá ir a ver a Antonio a su casa en Viña. Nos recibió su mujer y los cuatro compartimos una tarde llena de buena comida y muchas risas. El alzhéimer estaba comenzando.
La última vez que lo vi, su enfermedad había avanzado. Me emocionó que me regalara una tremenda sonrisa, igual al primer día que me conoció y me miraba cálidamente, siento que en ese entonces, aun no me iba de su memoria.
La semana pasada, al saber la notica y luego de largos años de incomunicación, llamé a Luis. A la distancia volví a sentir los fuertes lazos que nos unen. Se emocionó con mi llamado, hace pocos meses murió su amiga María Elena, hace una semana su amigo Facundo y ahora Antonio.
Me sorprendí cuando se me cayeron un par de lágrimas. Siempre admiré al artista y me enterneció la dulzura de Antonio. Tengo la certeza, que estuvo rodeado de amor y en compañía de los suyos hasta el último momento.
Quizás el alzhéimer no deja recordar nada y cruelmente borra toda una vida de nuestra memoria. Pero el cariño y amor de los suyos debe haberlo sentido hasta el último momento.
Una vez más, yo estaba encerrada en un avión el día de su funeral. Una vez más uso esta tribuna para despedirme.
Hasta siempre Antonio, gracias por todas tus palabras y consejos. Tenías razón. Chile era mi destino.
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