jueves, 30 de junio de 2011

MARISELA Y YO


Hay personas que tienen ángel. Que irradian energía y paz y cuando estamos a su lado nos sentimos seguros, a salvo. Hay personas que son como fieras, territoriales, que se guían por los instintos, por lo que dictan las tripas. Hay personas de una sola línea, directas, confrontacionales, que jamás irán contra sus principios. Y hay quienes dictan cátedra de vida.

Esta semana, una madre ha sufrido la amputación de sus esperanzas y un país le ha entregado millones de brazos donde descansar.

No conozco a Marisela Santibáñez. Hemos compartido escenarios, set de televisión y camarines y siempre me sorprendió con un abrazo apretadísimo y una gran sonrisa, pero nunca compartimos un café o un buen vino, sin embargo, siento que es parte de mi familia.

Eso genera la televisión, porque yo también me desvelé viendo sus peleas en un reality o hice aseo con  sus comentarios de farándula de fondo.

No soy madre. No llego ni a sospechar el dolor que puede llegar a sentirse día a día. Pero Rafaela, la hija, la niña y el ángel, quizás como a muchos, me ha calado en lo más íntimo de mí ser.

Su partida puso en manifiesto  el poder que tiene la pantalla, el amor que hay en todo un país y la garra y fiereza de una madre herida en el alma.  Quien sabe cuándo será el próximo abrazo que nos demos, en otro camarín, en otro set…en otro escenario. Quién sabe si tendré las palabras, si me atreveré, si evitaré incomodar. Pero me tomo la libertad  del espacio que me da esta tribuna, para mi propio mea culpa.

Porque la vida no sólo es cumplir compromisos, hacer bien un trabajo y ser “políticamente correcta”, debo aprender a expresar emociones y sentimientos, no dejar pasar las oportunidades que nos regala la vida. Decir  un “admiro tu fuerza y coraje” o  “te conozco poco pero te tengo infinito cariño”.

Los que trabajamos en televisión, debemos ser el 1% de la población y siempre estamos corriendo entre reuniones, eventos y entrevistas, pero hay momentos como éste, en que nos encontramos arriba de un avión queriendo estar en otro lado. Son ciertas las palabras que dijo Marisela al referirse a “su familia televisiva”, debe ser por eso mismo que siento lo que estoy sintiendo, porque vendríamos a ser hermanas de este medio y es inevitable sufrir,  cuando un hermano sufre.

De seguro, Rafaela ya está volando alto, como su madre y familia quería.

María Jimena Pereyra